Francia

Pone a nuestra disposición los puertos de la Costa Azul, de afamado prestigio turístico a nivel internacional. Es una zona de leyenda, cálida y brillante, donde se suceden los lugares con encanto y paisajes de ensueño.

En Niza recorreremos sus calles, antiguos barrios como el de la Catedral de Santa Reparata y plazas como la de Massena. Además nos deleitaremos con la visión de típicos edificios de la Belle Epoque como el Casino Ruhl, el Hotel Mèridien o el Negresco al recorrer el Paseo de los Ingleses, que acompaña la Bahía de los Ángeles.

Cannes es la capital europea del cine. De ahí que el Boulevard de la Croisette irradie lujo y esplendor con sus jardines, comercios, anticuarios... Subiremos al barrio de Suquet, antigua ciudadela vestigio de la dominación española del s. XVI, desde la cual divisaremos las islas de Lèrius y una panorámica de la ciudad.

En Marsella es digno de visitar el Puerto Antiguo, donde podremos dar un paseo y realizar compras. El Parc du Pharo, con su hermoso castillo, ofrece una hermosa vista de la ciudad. Además, para conocer los símbolos de la ciudad, se debe visitar la Basílica de Notre Dame de Garde, con su campanario de 47 m, que alberga en su interior la estatua dorada de María y el pintoresco barrio del Vallon des Aufs. Se puede recorrer la Corniche Kennedy, carretera que discurre a la orilla del mar con vistas a las islas de entrada de Marsella y al Palacio Lonchcamp.

Aviñón, ciudad de interés histórico, nos ofrece la posibilidad de visitar el Palacio Papal (palacio y fortaleza) de gran importancia ya que esta localidad fue residencia del Papa hace 600 años.

Aix-en-Provence es una bella ciudad con numerosas mansiones señoriales de los siglos XVII y XVIII. Es un placer pasear por la Alameda de Cours Mirabeau con sus fuentes y terrazas, así como recorrer el Mazarin Quartier, construido en 1646, en el que se visita la Fuente de los Cuatro Delfines y la Saint Saveur Cathedral, donde conviven estilos arquitectónicos desde el s. V al XVII.

En Cassis, además de visitar su pequeño puerto de pesca, podemos degustar el vino local en una bodega.

Ajaccio, lugar de nacimiento de Napoleón Bonaparte, rebosa historia y diversidad cultural. Los griegos fueron los descubridores de la singular belleza de la isla a principios del siglo VI a.C., y le pusieron el nombre de “Kalliste” o “isla hermosa”. Se puede visitar la Maison Bonaparte, lugar donde nació y creció, así como la Catedral del siglo XVI, que alberga la misma fuente de mármol que fue usada para su bautizo.

La zona norte de Francia nos ofrece bellos paisajes y una mezcolanza de tradiciones y culturas debido a su ubicación limítrofe con otros países de muy diversa índole: Bélgica, Alemania, Gran Bretaña...

El Mont Saint Michel, conocido como la Maravilla del Oeste, está ubicado en una isla. Dado que la bahía está llena parcialmente de sedimentos, la montaña se suele ver rodeada de enormes bancos de arena que se desplazan con las mareas. El origen de la abadía se remonta al siglo VIII cuando el arcángel Miguel se apareció a Aubert, obispo de Avranches. Desde ese momento, una serie de edificios se sucedieron unos tras otros en la montaña dedicados al arcángel. Merece la pena visitar la abadía y sus jardines, la iglesia, el claustro y los bastiones que ofrecen unas maravillosas vistas de la bahía.

El Cabo de la Hague es un campo irregular al oeste de Cherbourg formado por rocas de granito y matorrales. Recorriendo la carretera costera en dirección a Goury se pasa por Port Racine, el puerto más pequeño de Francia, donde hay numerosas residencias nobles de campo y típicas aldeas normandas. Ya en Goury se visita la chalupa Raz Blanchard, conocida por sus numerosos salvamentos. También merece la pena acercarse al imponente Nez de Jobourg, los acantilados más altos de Europa.

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