Italia

Es el gran tesoro cultural del Mediterráneo. A pesar de que la primera civilización asentada en su territorio fue la Etrusca (de la que perduran algunos testimonios en las regiones de Lombardia y Campania), ha sido el largo dominio del Imperio Romano (del s. III a.C. al V d.C.) el que ha marcado el devenir de Italia. Gracias a su riqueza cultural, los grandes genios del Renacimiento y el Barroco dieron rienda suelta a su expresividad y creación, dando lugar a un nuevo Imperio: el de la Razón y la Tecnología.

Génova fue diseñada en forma de anfiteatro sobre las colinas dominadas por antiguas fortalezas. En el Puerto Antiguo pasearemos por los viejos Almacenes de Algodón, hoy reestructurados y convertidos en tiendas, bares y restaurantes. Podemos admirar los símbolos más característicos de la antigua ciudad, el “Bigo” y la “Lanterna” o visitar el acuario más grande de Europa.

Portofino es el Portus Delphini de la antigüedad, encantadora localidad marinera situada en una de las ensenadas más pintorescas y sugerentes de la Costa Ligure. Pasearemos por Santa Margherita, centro turístico de fama internacional.

En Pisa podemos visitar una de las plazas más bellas del mundo, la Plaza de los Milagros. También hay que conocer su Catedral, del s. XIII, con fachada románica - toscana, y cuyo interior de inspiración musulmana conduce al Baptisterio circular de mármol.

Lucca es una ciudad medieval amurallada, y en ella hay que conocer la Basílica de San Frediano, el Anfiteatro Romano y la Catedral de San Martino con maravillosas pinturas de Tintoretto y Guirlandaio.

Recorriendo la Toscana, bella región rica en cultura y paisaje, llegaremos a Florencia. Ciudad museo de extraordinaria riqueza en arte y tesoros, fue fundada por los romanos y en el s. XV cayó bajo la influencia de los Medici, quienes llegaron a ser Duques de Toscana. Cuna del Renacimiento, visitar su centro histórico nos llevará a conocer la Plaza del Duomo con la famosa Catedral de Santa María del Fiore, de la que destaca la cúpula creada por Brunelleschi y el Baptisterio de San Giovanni con las “Puertas del Paraíso” ornamentadas de bronce. También son destacables la Plaza e Iglesia de Santa Croce, el Ponte Vecchio, la Galería de los Uffizi, la Piazza della Signora con el Palazzo Vecchio y la Loggia de los Lanzi con el Perseo de Cellini, la fuente de Neptuno y la copia del David de Miguel Ángel.

En Roma existen varias opciones para tematizar nuestra visita. Podemos conocer la ciudad más clásica, recorriendo la Via dei Fori Imperiali con el Coliseo y el Circo Massimo. Continuaremos visitando al Arco de Constantino, el Foro y el Palacio del Senado ubicado en el Campidoglio, la más célebre y pequeña de las siete colinas de Roma. El Panteón es el monumento romano más antiguo y mejor conservado, dedicado a todos los dioses. Recorrer los elementos emblemáticos de la Roma Barroca es otra de las opciones. La Plaza de España, centro romántico de la Roma del XIX, conocida por su Escalinata de la Trinidad del Monte. Otras obras maestras son la Fontana de Trevi y la Plaza Navona.

Pero sin duda uno de los lugares que no podemos dejar de visitar es El Vaticano. La Basílica de San Pedro es el centro de la fe católica y en su interior destacan la cúpula de Miguel Ángel, su Pietá y los proyectos de Bernini. En el exterior, su fachada con las impresionantes columnas de Bernini que rodean la Plaza de San Pedro, diseñada para acoger a los fieles.

En Nápoles, el barrio de Posillipo ofrece una panorámica del golfo de Nápoles limitada por el mar y el Vesubio. Conoceremos el barrio pescador de Mergellina, el Paseo Marítimo junto a los jardines de la Villa Comunal y el Acuario, continuando por el Barrio de Santa Lucía con el castillo del Ovo y el Barrio Marinero hasta llegar al centro monumental. En él recorreremos la Plaza del Ayuntamiento con el Castillo Nuevo, la Galería Umberto I, la Plaza Trieste y Trento con el Palacio Real y la Plaza del Plebiscito con la iglesia de San Francisco de Paola. Haremos una parada en el café Gambrinus, el más antiguo de Nápoles. También hay que visitar el Castillo “Maschio Angioino”, residencia del rey y del virrey, y el Teatro San Carlo, uno de los más bellos de Europa.

La isla de Capri es una de las perlas del Mediterráneo. En ella hay una gran variedad de grutas y calas, altiplanos cubiertos de viñedos y jardines, blancas edificaciones y frondosa vegetación. Desde el Puerto de Marina Grande se puede bordear parte de la isla, descubriendo la Gruta Blanca y la Gruta del Coral, caprichosos fenómenos geográficos como los Faragliones y el Arco Natural. Caminar por sus calles, degustar el típico licor “Limoncello” y visitar los Jardines de Augusto son algunos de los placeres que encierra la isla. En la localidad de Anacapri debe destacarse la Plaza Umberto I, rodeada por completo de casas blancas formando un patio, y la Villa de San Michelle, residencia del famoso médico y escritor sueco Axel Munthe, que alberga valiosos muebles del XVII y piezas de anticuario.

Recorriendo el fértil valle del Vesubio, llegamos a la mítica ciudad de Pompeya. Enterrada en el año 79 a.C. por la lava y las cenizas del volcán, fue rescatada en el siglo XVIII. Destaca su extraordinario estado de conservación, que parece haber cristalizado la vida de la ciudad, sus secretos y el pánico de los últimos momentos. Partiendo de Porta Marina, accedemos al Foro, centro de la vida política y económica de la ciudad, dominado por el Templo de Júpiter y la Basílica, el edificio público más monumental de Pompeya. En la Vía de la Abundancia recorremos lo que fueron viviendas, bodegas y talleres de artesanía. Ejemplos de residencias son la Casa dei Vettii, de ricos comerciantes y decorada con frescos bien conservados, y la Casa del Fauno, residencia nobiliaria privada. También se visitan las Termas.

Herculano era la ciudad en la que en la antigüedad se situaban las villas más bellas y las propiedades más suntuosas, dotados de una vista magnífica sobre el mar. La destrucción de Herculano fue provocada por una inundación de barro caliente que mantuvo en perfecto estado de conservación la ciudad, protegiendo viviendas enteras. Por ello, se pueden observar suelos de taracea, mosaicos y hasta pinturas intactas.

Podemos navegar a través de las costas de la Península de Sorrento y descubrir Vivo Equense, famosa por su mercado de caballos y sus pizzas “al metro”.

Alborello es famosa por los “trulli”, típicas viviendas de piedra blanca, cilíndricas y coronadas por una cúpula. También debes visitar los barrios de Monti y Aia Piccola.

En Sicilia se nos presentan diferentes opciones:

Taormina es una ciudad situada sobre un altiplano del Monte Tauro y conserva testimonios de la época griega, romana y medieval. Para llegar al casco antiguo atravesaremos la afamada Porta Messina. Merecen la pena las visitas al Palazzo Corvaja (s. XV) y al Teatro Griego, de época helenística y símbolo de la ciudad.

Selinunte, fundada en el 628 a.C., alcanzó su máximo esplendor en el s. V a.C., aunque fue destruida totalmente por Aníbal en el 409 a.C. Podemos pasear por la Acrópolis y las ruinas de templos antiguos.

En Palermo se debe recorrer su centro histórico y en él destaca la Capilla Palatina, ubicada dentro del Palacio de los Normandos. Si queremos conocer un ejemplo de arquitectura normanda, qué mejor que visitar la Catedral de Monreale, con elementos árabes, nórdicos, clásicos y bizantinos y sus famosos mosaicos.

Siracusa es una de las metrópolis del mundo antiguo, fundada por los corintios en el 734 a.C. conserva antiguos restos de construcciones griegas como el Templo de Apolo (uno de los ejemplos más antiguos de peristilo dórico que se conservan), el de Atenea o la Fontana Aretusa, ya mencionada por Virgilio. En el Parque Arqueológico de Neapolis se visitan las canteras de Latomia del Paradiso, donde se encuentran el Altar de Hieron y la Oreja de Dionisos (una gruta con un eco muy especial), la cueva de los Cordari, el teatro griego y el anfiteatro romano.

Noto se encuentra en la pendiente del Monte Iblei, entre almendros y olivares. Esta pintoresca ciudad, en la que abundan los palacios y monumentos de estilo barroco siciliano, ofrece al viajero un tranquilo paseo por sus céntricas calles en el que veremos el Palazzo Comunale, del siglo XVIII, y las principales iglesias barrocas, la de San Francisco y San Salvador.

En Cerdeña merece la pena recorrer la isla, admirando los flamencos rosas y marinos en la Laguna Gilla, y la ciudad de Nora, que conserva vestigios cartagineses y romanos a pesar de anegarse bajo las aguas del mar tras una catástrofe natural en el s. III a.C. La zona es lugar de peregrinación por San Efisio, soldado romano y mártir cristiano. La capital de Cerdeña es Cagliari y ha conocido la dominación de distintos pueblos a lo largo de los siglos. En la parte antigua de Cagliari detacan el Anfiteatro, la Ciudadela, la Catedral del siglo XVII, las Torres con sus magníficos bastiones y el barrio del “Castillo”, cuyas terrazas ofrecen estupendas panorámicas de la ciudad.

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