Marruecos

Es una maravilla, de las que tiene Africa, en cuyo territorio se unen paisajes, mares, y montañas. Sus paisajes están divididos en dos partes. Por un lado, el más salvaje, con el Desierto, en el que uno puede perderse en el tiempo. Por otro, sorprende su verdor, gracias a los sistemas montañosos del Rif y Atlas.

Podemos visitar una antigua ciudad islámica como es Taurodant, del s. IX, caracterizada por sus colores, sonidos y aromas. En ella podemos pasear por la Kasbah y comprar productos típicos.

La segunda ciudad del mundo árabe, después de El Cairo, es Casablanca. Además de sus calles y barrios, merece la pena visitar la grandiosa mezquita de Hassan II (segunda en importancia después de la de La Meca), capaz de albergar en su interior 20.000 personas y fuera otras 80.000.

Rabat ofrece un magnífico ejemplo de arquitectura islámica: el Palacio Real. También se visita el mausoleo de Mohamed V, la Torres Hassan y los jardines de Ouadayas Kabash.

Lo primero que sorprende de Marrakech es su ubicación en una fértil región, a pesar de estar enclavada en el desierto. En ella podemos visitar tanto los principales elementos arquitectónicos (Tumbas de Saad, el Palacio Bahía o la mezquita de Koutoubia) como los hitos culturales más característicos (la plaza Djeema-el-Fna, animada por juglares, acróbatas, malabaristas y encantadores de serpientes; o tiendas de alfombras, teterías, etc.)

Agadir, al pie de las primeras montañas Atlas y bañada por las aguas del mar, permite visitar un auténtico mercado Berebere, así como asistir a espectáculos en los que se recrean batallas morunas con caballería incluida.

La muralla que separa el Atlántico del Mediterráneo es Tánger, reconocida por los antiguos griegos como “la ciudad más bella del mundo conocido”. Además de recorrer a pie sus calles, merece la pena visitar las Cuevas de Hércules.

Otra típica ciudad islámica es Tetuán, antigua ciudad española, de interesante visita.

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